Acto de fe


Aquel dolor era perfectamente compatible con su sonrisa. Mientras se hacía las curas en los pies, destrozados y plagados de ampollas, recordaba con satisfacción aquella gloriosa tarde donde miles de almas bailaron al son que dictaban sus órdenes. Y siempre que cerraba los ojos, allí estaba esa sintonía, ese murmullo, esa vida que tanto ansiaba vivir.

Aquel día no importó el calor, la aglomeración o la incertidumbre de la primera vez. La cita era perfecta. La lona negra se pegaba a la piel impidiendo una transpiración adecuada; el sol castigaba de forma implacable y la piedra antigua multiplicaba la sensación de asfixia. Evitaba entrecerrar los ojos ante la extrema claridad para no mostrar signos de flaqueza, aunque lamentaba en lo más profundo de su ser que unas gafas oscuras habrían sido perfectas para la ocasión. De todos modos, cuando los pies está envueltos en botas de goma a 35º de temperatura ambiente, los pequeños problemas de attrezo se convierten en vagos pensamientos.

Aquel momento dejaba poco a la improvisación aunque rezumase ilusión por todos y cada uno de los poros de las cientos de almas allí congregadas. Un mes antes, su madre había desempolvado la vieja Singer para darle forma a los patrones. Conocía a su hijo como sólo puede hacerlo una madre, y aunque estaba lejos de comprender esa irrefrenable -y a otros ojos, posiblemente enfermiza- pasión, entendía perfectamente que era una pequeña ventana hacia la felicidad de quien gusta de vivir entre silencios. Desde que comenzó a funcionar la máquina de coser, la sonrisa no se borró de sus labios. De los de ambos.

Aquel desfile era más que una simple marcha militar. Era un acto de fe. La consecución de un sueño. El despertar de un largo letargo. Una autoafirmación. Mientras dirigía con paso firme al pelotón por el casco antiguo, notaba las miradas de arrobo de quienes, cámara compacta en mano, retrataban sus órdenes. Consiguió ver también la llama de la nostalgia en las pupilas de cientos de padres que acompañaban a sus incrédulos hijos. Y se sintió pleno de placentera y contagiosa felicidad mientras gritaba  –“¡Arrodillaos, escoria rebelde, poneos de rodillas ante Lord Vader!”–  ante la muchedumbre que impedía en determinadas zonas el paso ligero de las tropas imperiales.

Aquel episodio de su vida lo marcó para siempre.

Desde entonces siempre tuvo claro que los frikis eran el resto.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Interiores y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Acto de fe

  1. Darth Vader dijo:

    Me parece increble que hoy en día hay gente así en el mundo… tan friki y tan infantil. este relato debe de ser catalogado inmediatamente como ciencia ficción o fantasía.

    Así lo declaro.

    DARTH VADER

    • Saturna dijo:

      -Conozco un planeta donde vive un señor muy colorado, que nunca ha olido una flor, ni ha mirado una estrella, y que jamás ha querido a nadie. En toda su vida no ha hecho mas que sumas. Y todo el dia se lo pasa repitiendo como tú: “¡Yo soy un hombre serio, yo soy un hombre serio!… Al parecer esto le llena de orgullo. Pero eso no es un hombre, ¡es un hongo!
      -¿Un qué?
      -Un hongo.
      El principito estaba pálido de cólera.

  2. marcos dijo:

    Like this!!

  3. sparral dijo:

    Que la fuerza os acompañe.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s