Una mañana en el mercado


La mañana se despertaba y el sol, tímidamente, se reflejaba en las galerías y ventanales de la Plaza Mayor. En el reloj que culminaba la fachada de la casa consistorial las agujas marcaban la siete. La plaza olía a campo, a pesar de encontrarse en el centro de la ciudad. Cientos de puestos se arremolinaban en el espacio rectangular e inclinado, nos encontramos en una de las pocas plazas inclinadas existentes en Europa. Era sábado y los campesinos de la comarca se acercaban a vender los productos de la huerta como todas las semanas.
El mercado semanal de frutas y hortalizas era de lo poco que se conservaba en la ciudad del pasado. La urbe había crecido de forma exponencial en el último siglo y el pueblo que la originó se había enterrado por la construcción de nuevos barrios los cuales absorbieron a miles de personas que llegaron, principalmente, del resto de la provincia. Así y todo no todo el mundo emigró, alguna gente continuó en el campo, cultivando la tierra. Gracias a los que se quedaron se mantuvo el mercado.
Los habitantes de la ciudad eran unos buenos clientes, la calidad de los productos naturales era un valor añadido que cada vez tenía más adeptos. Aquellos que ya no contaban con una relación directa con el campo, acudían todos los sábados a comprar los ricos y sanos manjares que producía la tierra.
Laura era una adolescente de “ciudad”, sus padres ya habían nacido en un hospital y ella no tenía pueblo. Sus abuelos se habían trasladado a un barrio a finales de los cuarenta, habían vendido todas sus tierras para poder comprar un piso y establecerse, el padre de su padre había comprado un pequeño bajo para realizar trabajos de carpintería. Ni que decir tiene que le fue bien, había amueblado gran parte del barrio. Los padres trabajaban en una empresa del sector textil. La crisis económica y el traslado de la producción a China produjeron un ERE en la empresa. Los padres de Laura se habían quedado en el paro. Ella había concluido su primer curso de empresariales en la universidad, pero no tenía nada claro su futuro.
El sábado se había levantado temprano, quería hacer un poco de deporte. Esto le ayudaba a llevar la situación que tenía en casa. No había desayunado. Faltaban dos días para que a sus padres les ingresaran el paro. La cocina estaba desierta. Laura tenía hambre. Al pasar por el mercado vio un puesto con unas enormes y verdes peras. Laura no se pudo resistir, nunca había robado. El hambre pudo con el sentimiento de culpa que anidaba en su cerebro. Laura cogió la pera y siguió su camino. El vendedor no se dio cuenta.
Laura hincó el diente a la pera. En ese momento pensó que nunca pasaría eso si viviera en el campo.

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10 respuestas a Una mañana en el mercado

  1. javi torres dijo:

    Me encanta!!

  2. xavier72 dijo:

    Gracias a todos por los comentarios. Quería compartir con todos vosotros un pequeño relato que tuve que escribir para la facultad…..

  3. xavier72 dijo:

    He corregido algo del artículo, siguiendo las directrices de mi profesora de creación literaria. Por cierto, me han puesto un ocho.
    En lo que no estoy de acuerdo es en lo siguiente: ella vio reflejada la ciudad de Madrid…precísamente yo no pensaba en ese escenario. Si queréis podéis decirme qué localización os sugiere…Saludos

    • sparral dijo:

      ¡Está clarísimo que es Ourense! ¡¡¡La plaza inclinada!!!
      ¿Has hecho las modificaciones en el post del blog? Si es así, no me doy cuenta de cuáles son los cambios, pero estoy interesada en conocer las directrices de tu profesora. ¿Podrías comentar algo al respecto?

      • xavier72 dijo:

        Introducción tarde del personaje y demasiada extensión para la descripción del espacio.
        Luego errores formales, tema de mayúsculas(ej. casa consistorial) y una errata “así a todo” por es así y todo….
        En la oración “La urbe había crecido..” hay demasiadas subordinadas con “que”……;-)

        • sparral dijo:

          Pregunto:
          – “Ni que decir que le fue bien“. Me suena raro. Yo diría “Ni que decir tiene que le fue bien”.
          – “Esto le ayudaba para llevar la situación que tenía en casa“. ¿No sería “Esto le ayudaba a”?
          – “Así y todo no todo el mundo emigró y continuó en el campo, cultivando la tierra“. Tampoco me suena bien, veo el continuó falto de sujeto o la copulativa falta de significado.

          Por otra parte en “La urbe había crecido de forma exponencial en el último siglo y el pueblo que la originó se había enterrado por la construcción de nuevos barrios los cuales absorbieron a miles de personas que llegaron, principalmente, del resto de la provincia.” no veo demasiadas “subordinadas con que”.

          Además, en cualquier caso, eso sería una cuestión de estilo y has dicho que la asignatura es creación literaria, no redacción periódistica, ¿no? ¿Y si resulta que te va el barroquismo? Mientras las “subordinadas con que” estén bien construídas… En fin, que me pierdo, lo que sí pondría es una coma después de “nuevos barrios” y quitaría lo de “los cuales” (pero esto es una manía personal mía, lo reconozco ;))

          Pero vamos, que no me hagas ni caso, ¿eh? Yo de profe o modelo tengo más bien poco. Soy lectora y poco más. Lo que pasa es que como has dicho que era un ejercicio, con nota y todo, he sentido curiosidad por la corrección de la profesora.

          Veo que, efectivamente, ha sido corrección y me espanta que entre en cuestiones de estilo. Tú eres muy libre de describir los escenarios todo el tiempo que te dé la gana. Dependerá de la importancia que quieras darle, ¿no? De hecho hay obras con descripciones mucho más interesantes que la acción. Pero bueno, que son opiniones y estilos. Antonio Gala vende mucho y está bien considerado y yo no soporto su manera de escribir… Hay cosas que, para gustos, colores.

          Por otra parte, creo que, para enseñar, lo mejor es motivar, potenciar, señalar lo positivo… Y no poner notas (calificar, siempre calificar, qué horror).

          El relato es muy bonito y, para mi, gana al final. La historia me parece ingeniosa y la estructura, muy adecuada. El cambio de ritmo que se aprecia entre la parte descriptiva, con frases más largas, y la parte de la acción, con oraciones mucho más cortas, también me gusta.

          Por cierto, ¿era Ourense?

  4. xavier72 dijo:

    Gracias por tus comentarios, ahora que lo dices me suena mejor con los cambios que has introducido. Lo que me pasa muchas veces al escribir es que cuando leo algo posteriormente no veo los fallos aunque sí cuando el relato es de otro. Quizá se deba a que lo leo mentalmente, es decir, leo lo que quería expresar, pero no como lo he construído.
    Procedo pues a realizar esas modificaciones.
    A la pregunta sobre el espacio, sí es Ourense. La verdad es que no sé dónde, mi profesora, ve la Plaza Mayor de Madrid..en fin. 😉

    • sparral dijo:

      Eso que comentas, nos pasa a todos. Es muy difícil advertir las erratas o los errores en un texto creado por uno mismo. Un truco es imprimirlo. En negro sobre blanco se advierten mejor esas cosas.
      Y repito, me gusta el relato. Lo que no entiendo son ciertos criterios en determinadas clases.

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